Reflexiones
Francisco Nuño. Fue el viernes 20 de septiembre, corría el año 1985. Mi mujer y yo habíamos llegado un par de días antes a Roma y nos encontrábamos, junto con otras muchas personas, en el Aula Pablo VI, a la sombra de la Basílica de San Pedro, escuchando las palabras que Juan Pablo II dirigía a la audiencia allí presente. Éramos todos miembros y amigos del Movimiento internacional de Schoenstatt, y nos habíamos reunido con el Papa para conmemorar el centenario del nacimiento del Padre Fundador.
Amelia Peirone. Era un niño enfermo, a la escuela llegó un certificado médico que le impedía hacer ejercicios físicos. Pero era sólo un niño, veía a los compañeros correr, jugar, disputar la pelota. No podía estar corriendo con los demás, pero se las ingeniaba para participar de alguna manera de la pasión que sentía por ese deporte.
P. Guillermo Mario Cassone. Hace más de tres meses comencé a gestar este testimonio personal que recién hoy lo siento maduro para publicar. Han pasado tres meses muy difíciles para el Papa y para todos nosotros, como miembros de la Iglesia, también.

Leer el resto de este artículo